jueves, noviembre 23, 2006

Una reflexión de Adriano González León sobre el destino de lo que escribimos

"Todo creador tiene la soberana libertad de edificar sus andanzas con las obras. Ocurre también con su relación con los probables lectores. Se escribe, por supuesto, con la esperanza de que alguien recibirá el mensaje. Pero no importa cuándo. Eso depende de la soberana elección del escritor. Una vez girando en el espacio alguien la recibe, ese alguien pareciera convertirse en dueño. Corrige, selecciona y hasta borra por su cuenta. El escritor es víctima de su propia oferta. Los que reciben se consideran dueños y dicen que las cosas debieron ser así y asao...Luego, otros juicios más. En ocasiones tolerables y aceptables. Pero en la mayoría no se podían soportar." (el nacional)

1 comentario:

Diego Rojas Ajmad dijo...

Es así. Cuando la obra sale de las manos del escritor y se convierte en página impresa (o bit tecleado) ya no le pertenece. El copyright pasa ahora a los ojos del lector, quien en última instancia tendrá en su poder la decisión de conceder la posteridad a la obra. Paradojas de la vida...